4ta. JORNADA DE AJEDREZ Y CEREBRO
En el marco de la Convención de Ajedrez, llevada a cabo durante el mes de Septiembre en el Club Argentino de Ajedrez, se desarrolló la 4ta reunión sobre AJEDREZ Y CEREBRO. En esta oportunidad el único orador fue el Dr. Miguel A Pagano. Los conceptos vertidos son sintetizados en los párrafos que siguen.
AJEDREZ, CEREBRO Y TERCERA EDAD
Autor: Dr Miguel Ángel Pagano
Neurólogo. Jefe de la Unidad de Neurología del hospital Fernández
Profesor de Neurología de la Universidad de Bs As
Socio Vitalicio y Miembro de la Comisión Directiva del Club Argentino de Ajedrez
El problema de la interacción cerebro-mente ha suscitado el interés de la filosofía desde hace más de dos milenios. Ya en la escuela de Platón, varios siglos antes de Cristo, se creía en la localización en un “ente” separado del cuerpo (y por ende del cerebro) al mundo de las ideas, a las que se consideraba en una dimensión propia, inaccesible en forma directa a los mortales. Era tarea de aquellos filósofos el intento, a través del discernimiento y el razonamiento, de acercamiento a este mundo. Era tradición, por ejemplo, que no podían formar parte de aquella escuela aquellos que no poseyeran conocimiento y dominio del campo de las matemáticas. Hoy asumimos que, aquel “mundo” de las ideas, pertenecen al dominio de la mente, y ésta es completamente terrenal, ya que, de algún modo, se halla ligada a la actividad del cerebro. Este concepto fue, no obstante, el resultado de un largo camino en el discurrir filosófico. El famoso filósofo francés René Descartes, en el siglo XVII, expone una nueva mirada sobre el viejo problema: “cuerpo y alma” son dos entes separados, pero el alma (en la que se engloban las actividades del dominio mental) no se halla en un mundo separado e inaccesible, sino que interactúa con el cuerpo y se ubica en un locus determinado. El filósofo pensaba que el asiento del alma era la glándula pineal, por su topografía medial, particular, en el centro del cerebro. Con el concepto “alma” se quería englobar todas aquellas manifestaciones del dominio de la mente (res-cogitans), en contraposición a los entes tangibles y corpóreos (res-extensa).
Una revisión de todos los aspectos y corrientes históricas, relacionadas con el problema de la relación cerebro-mente, excede los propósitos del presente texto. Bástenos comentar que dos hipótesis principales cobraron vida: la dualista: mente y cerebro son dos entidades separadas y la monista: mente y cerebro son una sola y única entidad. En los párrafos que siguen esbozamos una apretada síntesis, sin mayores comentarios, de las principales teorías vinculadas a estas dos hipótesis, con los principales autores defensores de las mismas.
HIPOTESIS DUALISTAS
n EPIFENOMENISMO: lo físico determina lo mental, que no reacciona sobre lo físico (Hobbes, C.Vogt, TH Huxley, etc).
n ANIMISMO: lo mental causa, controla o dirige lo físico. Lo físico no determina lo psíquico ( Platón, Tomás de Aquino).
n AUTONOMISMO: lo mental y lo físico son independientes (L. Wittgenstein)
n PARALELISMO PSICOFÍSICO, ARMONÍA PREESTABLECIDA: Lo mental y lo físico son paralelos (Leibniz, Lotze, J.H.Jackson)
n INTERACCIONISMO PSICOFISICO: cerebro y mente están separadas, pero interactúan uno con otro (Descartes, McDougall, Freud, W Penfield, R Sperry, J C Eccles, K R Popper, R Penrose, etc)
HIPOTESIS MONISTAS
n IDEALISMO (PANPSIQUISMO, FENOMENISMO): todo es mental, lo físico no existe (Berkeley, Fichte, Hegel, Fechner, W James, Whitehead, Teilhard de Chardin).
n MONISMO NEUTRAL ( TEORÍA DEL DOBLE ASPECTO): lo mental y lo físico son manifestaciones de una sola y única sustancia, de entidad desconocida (Spinoza, B Russell, etc.).
n MATERIALISMO ELIMINATIVO (CONDUCTISMO): nada es psíquico. Los fenómenos mentales no existen. Sólo existen fenómenos físicos, reacciones químicas, interacciones moleculares, conexiones interneuronales, etc. (Watson, Skinner, Turing, P Churchland).
n MATERIALISMO REDUTIVO O FISICISTA: los estados psíquicos son estados físicos. La diferencia con la anterior es que no desconoce la existencia del fenómeno mental, sólo que la considera como un “estado físico” (Epicuro, Lucrecio, Lamettrie, Pavlov, Quine, etc.)
n MONISMO PSICONEURAL EMERGENTISTA: lo psíquico es un conjunto de actividades cerebrales de características especiales “emergentes” (Darwin, Ramón y Cajal, Hebb, Luria, M Bunge, Damasio, Crick, etc.).
Las tendencias actuales abogan claramente por una concepción monista de la interrelación cerebro-mente, siendo probablemente el “monismo psiconeural emergentista” la hipótesis que mejor la representa. Como síntesis de esta introducción neurofilosófica podemos concluir que, en nuestros tiempos, la idea de la mente (¿o alma?) como un ente ajeno al cuerpo (en nuestro caso el cerebro) ha sido relegada, particularmente en el ámbito científico. Al cerebro, por tanto, se le asigna un rol crucial como soporte estructural y fuente generadora de la mente. Así es que pensamiento, lenguaje, memoria, razonamiento, emociones, creatividad, inspiración, etc., dejaron de ser fenómenos con existencia propia, para convertirse en funciones que emanan de la actividad cerebral. En este punto es válido plantearse una serie de cuestionamientos: ¿posee el cerebro la estructura y función necesarias para constituirse en soporte de la mente?; ¿el cerebro funciona como un todo para los diferentes procesos mentales (generalizacionismo u holismo), o lo hace mediante la activación de sectores diferenciados (localizacionismo o modularidad)?; ¿es posible mejorar el rendimiento del cerebro con métodos de activación, tales como por ejemplo el aprendizaje y práctica del ajedrez? En los párrafos que siguen se intentará avanzar sobre estos tres interrogantes.
ESTRUCTURA Y FUNCIÓN DEL CEREBRO
El cerebro posee diferentes sistemas estructurales y funcionales, desde los niveles microscópicos a los macroscópicos: molecular, celular,
sináptico (neurotransmisión), conexiones (redes) y subsistemas (modularidad).
NIVEL MOLECULAR: El sistema nervioso posee una dimensión molecular en la cual cumplen un papel crucial los neurotransmisores y sus
correspondientes receptores (ej: serotonina, dopamina, noradrenalina, acetilcolina y glutamato). Estos se localizan en amplios mapas topográficos,
distribuyéndose en enmarañados circuitos y desarrollando complejas funciones que se extienden desde simples actos motores a actividades como la
memoria, emoción, lenguaje y otras expresiones de la esfera mental.
NIVEL CELULAR: La neurona constituye el elemento básico de la arquitectura del sistema nervioso. Es la unidad elemental de procesamiento de información,
así como una unidad morfológica, funcional, trófica y patológica (Ramón y Cajal).
El cerebro humano contiene alrededor de un billón de neuronas, de las cuales cien mil millones están interconectadas en redes funcionales. Todas ellas
comparten las mismas propiedades básicas, pero con la peculiaridad de que pueden producir funciones distintas al estar conectadas en forma diferente.
NIVEL SINÁPTICO: Las sinapsis, espacios de unión entre las neuronas, confieren al cerebro una dimensión especial capaz de generar funciones que superan
lo esperado por el simple accionar de las neuronas por separado. Funcionalmente pueden ser excitatorias o inhibitorias, dependiendo también del
neurotransmisor liberado.
Una neurona puede terminar en un sinnúmero de sinapsis. Un soma neuronal puede recibir miles de contactos de otras neuronas.
Que una neurona termine “disparando” para ejecutar su acción dependerá del balance entre los mensajes excitatorios o inhibitorios de los miles de aferencias.
NIVEL DE CONEXIONES O REDES: En el sistema nervioso es común la organización en redes o “circuitos neuronales” De estos emergen funciones
simples y complejas como el sistema de reflejos, sensorial o motor.
Existen también circuitos neuronales con diferentes neurotrasmisores (dopaminérgico, serotoninérgico, colinérgico, etc). Estos circuitos de neurotrasmisores
expresan funciones altamente elaboradas, como regulación de sistemas motores, emoción, memoria, etc.
NIVEL DE SUBSISTEMAS: La organización funcional del sistema nervioso implica la estructuración en subsistemas. Estos se distribuyen en forma compleja a lo
largo del neuroeje y cumplen un sinnúmero de funciones diferenciadas. De acuerdo a las principales dimensiones del cerebro involucradas podemos dividirlas
en tres ejes organizacionales: a) Rostro-caudal (de arriba hacia abajo); b) antero-posterior (de adelante hacia atrás) y c) lateral (derecha-izquierda). Se hará un
breve resumen de estos tres ejes.
MODULARIDAD vs HOLISMO
Durante gran parte del siglo XIX dominaba la idea del funcionamiento “holístico” del cerebro. Sus defensores consideraban que
no existían sectores funcionalmente diferenciados y que, las distintas actividades mentales, se sustentaban en la
activación completa del cerebro. Es decir, “el cerebro funciona, en cada momento, como un todo”. En contraposición a esta
idea, paulatinamente se encontraron evidencias de funciones en sectores “discretos” del cerebro.
Las primeras de estas evidencias se efectuaron en la segunda mitad de la citada centuria, en la que observaciones anatomopatológicas localizan la capacidad
de expresión del lenguaje en el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo (Broca) y la comprensión del mismo en el lóbulo temporal del mencionado
hemisferio ( Wernicke). Estos hallazgos fueron sólo el punto de partida de un extenso recorrido, que continuó en el siglo XX y sigue en nuestros días, durante el
cuál numerosas investigaciones parecen coincidir en la existencia de “módulos” de funcionamiento cerebral. Estos módulos se hallan en sectores determinados
de ambos hemisferios, considerando algunos autores que la vinculación de cada módulo, con otros sectores funcionalmente relacionados, sería la
verdadera dimensión del funcionamiento cerebral, hipótesis esta última a la que se denominó “conexionista”.
MÉTODOS DE ACTIVACION DEL CEREBRO, EL EJEMPLO DEL AJEDREZ.
El aprendizaje y práctica del ajedrez, al igual que otras manifestaciones científicas o artísticas, constituye una herramienta interesante como método de activación
del cerebro. Existen numerosos métodos a través de los cuales se puede proceder a la activación de distintas áreas cerebrales, sin que pueda establecerse
con claridad la existencia de ventajas de uno sobre otros y con posibilidad para todos ellos de mejorar el rendimiento cerebral y aumentar nuestras “reservas
cognitivas”. Tal es así, por ejemplo, con el aprendizaje y práctica de las ciencias “duras” como las matemáticas, la física o la química. También se puede lograr
estos cometidos con aquellas manifestaciones pertenecientes al mundo del arte, como la música o la pintura. El empleo de juegos orientados al mismo
fin es asimismo compatible para estos logros. El ajedrez constituye uno de tantos ejemplos, con la salvedad de que por tratarse de una práctica que
contiene componentes lúdicos, pero también científicos y artísticos, lo convierte en una herramienta especial para el aprendizaje y “estimulación cerebral” a todas
las edades. En los párrafos que sigue se hace una síntesis de los mecanismos cerebrales que se pondrían en juego durante el proceso de aprendizaje en
diferentes niveles de formación de un ajedrecista.
El cerebro del ajedrecista principiante. El aprendizaje
Cuando el cerebro del niño o adolescente (o incluso en edades mayores) se enfrenta al tablero de ajedrez y sus piezas, un mundo aún desconocido para él,
comienza un proceso fascinante en el que todas sus facultades mentales se hallan en una especie de alerta o “preparación” para lo que viene. Es natural que
un estado de perplejidad asociado a curiosidad invada todas sus sensaciones, y un sinfín de interrogantes pueden acosarlo: ¿de qué se tratan estas piezas?,
¿cuáles son sus movimientos?, ¿cuál es la esencia del juego?, ¿cuáles las estrategias?, etc. A medida que el maestro de ajedrez va conduciendo al aprendiz
en el laberinto, comienza a perfilarse la línea directriz del conocimiento del juego; línea que tiene como sustento todo el andamiaje estructural y funcional del cerebro
que hemos esbozado en los párrafos anteriores. Así, el niño aprende el valor relativo de las piezas, sus movimientos y su posición e interacciones con otras piezas
del tablero. Comienza lenta y paulatinamente a adquirir el concepto de la “lógica de las posiciones”, en la cuál, posiblemente, mucho tenga que ver el entramado
de las conexiones interneuronales.
En esta etapa elemental se requiere la disposición funcional emanada de varias estructuras cerebrales, a las que podríamos llamar “áreas operativas”. Así, el
aprendiz en todo momento necesita “ver “el tablero y la disposición de las piezas, función provista por los lóbulos occipitales de ambos hemisferios cerebrales;
al mismo tiempo se requiere efectuar un “reconocimiento” de lo que se ve, es decir situación de las piezas en el tablero, diferenciación por sus
peculiaridades geométricas, ubicación relativa, etc.; función esta denominada de “reconocimiento visuo-espacial, provista por el sector posterior del lóbulo
parietal derecho. Durante el proceso de aprendizaje en todo momento resulta crítico mantener el proceso de atención y, además, se requiere “recordar” lo que se
acaba de aprender y las destrezas que se debe emplear para llevar adelante lo aprendido. Este último dominio, se refiere a un tipo particular de “memoria”,
llamada memoria de trabajo. Estas funciones, el mantenimiento de la atención y la memoria de trabajo, son provistas por los sectores dorso-laterales de ambos
lóbulos frontales.
El cerebro del ajedrecista de nivel intermedio. El aprendizaje continúa
En la medida que el proceso de aprendizaje y entrenamiento avanza, el ajedrecista aumenta paulatinamente su nivel. La base estructural de este progreso se asienta
en el establecimiento de nuevas conexiones interneuronales. Estas conexiones, que involucran especialmente los lóbulos temporales de ambos hemisferios,
actuarían como una especie de “base de datos”, generando así un almacenamiento de la información en dichos lóbulos. Este proceso es posible gracias a una
función provista por un sector de los lóbulos temporales: “la memoria a largo plazo”, la que, en buena medida, permite generar nuestras “reservas cognitivas” a
futuro. En el caso particular del cerebro del aprendiz de ajedrez, en este nivel, significaría el almacenamiento de “memorias” de posiciones sobre el tablero con
pocas piezas (teoría de los “chunking” de memoria, Campitelli y col.)
En el aprendiz de ajedrez de nivel intermedio continúan operando las “estructuras operativas” en todo momento, las cuáles ahora recurren, además,
en forma “automática”, a los almacenes consolidados de “memoria a largo plazo”. Por otra parte, una nueva función/habilidad cobra relevancia y se va
afianzando durante esta etapa: es el proceso de “toma de decisiones”. Dicho proceso requiere la integridad de la base de ambos lóbulos frontales.
En la medida en que el proceso de entrenamiento/aprendizaje continúa, el ajedrecista requiere de las capacidades funcionales provistas por otras estructuras
del sistema nervioso (incluso más allá del cerebro), e insensiblemente va mejorando su rendimiento y puede aumentar su nivel y pasar a una etapa superior.
Así otros sectores, como los ganglios de la base del cerebro, el tronco cerebral y el cerebelo pueden participar del concierto del aprendizaje. Estas últimas
estructuras cumplen un sinnúmero de funciones, siendo relevantes para nuestro tema la posibilidad que brindan de “automatizar” los movimientos aprendidos,
en un nivel inconsciente de activación y permitiendo también, en la medida que el proceso continúe, incrementar las reservas cognitivas. En el caso particular
del aprendiz de ajedrez en esta etapa es posible realizar rápidamente movimientos (que ya no requieren ser analizados de la misma manera que en la etapa
inicial) merced a la rápida acción de todos los sectores mencionados en el apartado anterior (reconocimiento visuo-espacial, memoria de trabajo, memoria
a largo plazo, etc) (o, quizás, por la resolución en un plano “inconsciente” de los mismos). Al sumarse a este proceso las estructuras que permiten la
“automatización” de la ejecución motora (movimiento de la pieza) y su conexión con una instantánea “toma de decisiones” (lóbulo frontal), permite explicar el espectáculo de los jugadores de “ajedréz rápido” (ajedrez relámpago, ping-pong o blitz), quienes parecen resolver intrincadas posiciones con la velocidad del rayo.
El cerebro del ajedrecista de nivel superior
En esta etapa tienden a consolidarse y perfeccionarse las habilidades adquiridas (se consolidan y aumentan las conexiones interneuronales). En los
lóbulos temporales, los fragmentos de memoria con pocas pieza o “chunks”, se extienden ahora en segmentos más amplios, con mayor números de piezas
(teoría de las “plantillas”, Campitelli y col).
En este nivel pueden alcanzar su máxima participación las estructuras de las bases de los lóbulos frontales, las cuáles no sólo tienen como función la
“toma de decisiones”, sino también, en conjunto y en conexión con otras estructuras como el sistema límbico del lóbulo temporal, constituyen el asiento de
las emociones y los sentimientos.
Quizás el interjuego de todas estas estructuras, en la medida en que el esfuerzo y el tiempo dedicados se mantienen, sean también la base estructural de
fenómenos de naturaleza superior, tales como la creatividad y la inspiración, y cuyos misterios estamos aún muy lejos de dilucidar.
CONCLUSIONES
El problema de la interrelación cerebro-mente ha sido objeto de estudio de la filosofía y las ciencias fácticas desde hace muchas centurias. No obstante, la mayor
parte de los mecanismos subyacentes al funcionamiento del cerebro, continúan siendo un enigma. La concepción actual, asentada sobre la hipótesis
denominada “monismo psiconeural emergentista” y, por otra parte, la aceptación de la organización funcional del cerebro en módulos independientes e
interconectados, permiten suponer la posibilidad de “actuar” sobre el cerebro, mejorando su rendimiento a través de diferentes métodos de estimulación.
El ajedrez, como ejemplo puntual de esto último, se ha revelado como una herramienta de gran interés en el estudio de los procesos de enseñanza/
aprendizaje. Diferentes sectores del cerebro se activan en forma secuencial y en paralelo a través de la ejercitación en este juego.
En la evolución del proceso de aprendizaje, en los diferentes niveles de dominio del juego de ajedrez, se van así activando paulatinamente diversas
estructuras cerebrales o “módulos”, de las cuáles emanan las consecuentes funciones: visualización, reconocimiento visuo-espacial, memoria de trabajo,
memoria a largo plazo, toma de decisiones y, probablemente, sentimientos y emociones. En los niveles más elevados de la práctica del juego, se considera
que pueden surgir factores poco conocidos, como la creatividad y la inspiración, los cuáles distan aún mucho de ser aclarados.
REFERENCIAS
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Broca P. Sur la faculté du langage articulé. Bull Soc Anthropol, Paris. 6:337-393 :1865.
Dalman, A.J.E.; Eling, P. Wernicke’s Aphasia, In: Koehler, P.J.; Bruyn, G.W.; Pearce, J.M.S. (Eds), Neurological Eponyms. Oxford, Oxford University Press, 2000, pp. 244-249.
Gibson W. Pioneers in localization of brain function. J.A.M.A 180:944-951, 1962.
Tienson JL. An introduction to Connectionism. The Southern Journal of Philosophy. 126 (suppl):1-16, 1987.
Geschwind N. Disconnection Syndromes in Animals and Man. Brain 88:585-644, 1965.
Campitelli G, Gobet F, Parker A. Structure and stimulus Familiarity: A Study of Memory in Chess-Players with Functional Magnetic Resonance Imaging. The Spanish Journal of Psychology. 8:238-245, 2005.
Actualizado ( Lunes, 28 de Noviembre de 2011 20:35 )
La rehabilitación cognitivaDr. Arturo Famulari Director de Investigaciones Clínicas de la Fundación Argentina contra las enfermedades Neurológicas del Envejecimiento (FACENE). A cargo del Consultorio Neurología del Comportamiento en el Instituto de Investigaciones Cardiológicas de la Facultad de Medicina UNBA (ININCA).
En la actualidad, ya nadie duda que la terapéutica de las enfermedades que afectan la cognición y la conducta presenta dos vertientes igualmente importante: la farmacológica y la no farmacológica. Esta última, a su vez, involucra varios aspectos: contención e instrucción al familiar y/o cuidador, sugerencias para optimizar o modificar el estilo de vida en relación con síntomas del paciente, espontáneos o atribuibles a estrés del cuidador, elección de momentos y modos para una institucionalización que produzca el menor trauma psicológico posible, asesoramientos acerca del hábitat, potenciales conflictos legales, protección patrimonial, etc. Entre todos ellos, hay uno que merece especial atención: la rehabilitación cognitiva. Su utilidad como complemento del tratamiento farmacológico, sea éste cognitivo o conductual, tampoco es motivo de controversia, hoy. Casi, podría decirse que un abordaje terapéutico que no la incluye, es incompleto e insuficiente. Claro! Requiere ser realizado por profesionales con experiencia. Ofertas que provienen de profesionales con idoneidad no reconocida, deberían ser rechazadas. Un criterio que también conviene tener en cuenta frente al ofrecimiento de “drogas mágicas” que no han pasado el filtro de la comprobación científica. En nuestro medio, los centros donde esta práctica puede realizarse con niveles óptimos de seguridad y confiabilidad, no son pocos. La rehabilitación cognitiva implica la realización, dirigida y supervisada, de ejercicios mentales que pretenden reforzar tanto a las funciones debilitadas como a las que se encuentran aún indemnes. Los diferentes ejercicios intentan apuntalar funciones o grupo de ellas relacionadas: el abordaje puntual a una determinada función cognitiva, aisladamente, resulta prácticamente imposible; basta de pensar en la infinita interconectividad anatómica y funcional que el cerebro posee para comprender las razones. La rehabilitación cognitiva busca mantener, fortalecer o despertar circuitos neuronales cuya presencia activa (reserva funcional) puede compensar el efecto deletéreo de lesiones cerebrales que destruyen a las neuronas y sus conexiones. Los diferentes protocolos que se utilizan requieren conocer cantidad y calidad de los desempeños cognitivo y conductual del paciente; también, y muy especialmente, las consecuencias funcionales que ambos producen en él; es decir, en qué medida comprometen la habilidad del paciente para interactuar con los mundos familiar, laboral y social, o para realizar de manera independiente las actividades de la vida diaria. Este es uno de los aspectos donde resulta posible comprobar el elevado nivel de heterogeneidad clínica que este grupo de afecciones presenta. Efectivamente, hay pacientes que presentan elevado compromiso de la cognición, la conducta y la funcionalidad; otros, tienen bajo compromiso cognitivo y conductual y alto compromiso funcional; y hay quienes tienen alto compromiso cognitivo y conductual y bajo compromiso funcional. Estas “disociaciones” clínicas se verifican también en el plano de las imágenes: alta carga lesional con baja expresión clínica y, del mismo modo, al revés. La presencia o ausencia de reserva funcional, concepto al que aludimos más arriba, es una de las explicaciones posibles para estas realidades que acabamos de describir. La experiencia en el trabajo con pacientes que padecen enfermedades que afectan la cognición y la conducta, invita a inferir que los síntomas dependen de una suerte de puja entre la biología (las lesiones) y la biografía (la reserva funcional). La reserva funcional puede favorecerse con los tratamientos de rehabilitación cognitiva. Pero es el estilo de vida a lo largo de toda una existencia quien verdaderamente la genera. Las actividades físicas y/o deportivas, la interacción social, la motivación por las diferentes expresiones de la actividad cultural, así como las actividades laborales de alta complejidad técnica o intelectual son, claramente, promotores de reserva funcional. El arte, tanto para el sujeto activo (creador) como para el sujeto pasivo (espectador) y el AJEDREZ, el juego ciencia son, de un modo superlativo, una posibilidad de jaquear a la expresión clínica de estas enfermedades cuyos niveles de incidencia y prevalencia se han incrementado a raíz de la mayor sobrevida del HOMBRE.
Ajedrez, Cerebro y Tercera EdadDr. Miguel Angel Pagano Neurólogo, Jefe de la Unidad de Neurología del Hospital Fernández. Profesor de Neurología de la Universidad de Bs. As. Socio Vitalicio y miembro de la Comisión Directiva del Club Argentino de Ajedrez.
La llegada de la tercera edad lleva inevitablemente aparejada la asociación con enfermedades, achaques, dolencias diversas y, por sobre todo, declinaciones “normales” de casi todas nuestras funciones corporales, visuales, auditivas, motoras, etc. Una de nuestras capacidades más preciadas son las funciones cognitivas, entendiendo por estas todas aquellas que conllevan la actividad mental: memoria, atención, concentración, orientación, lenguaje, juicio, etc. No pocas veces el fantasma de la enfermedad de Alzheimer (aquel alemán que nos esconde cosas) acecha detrás de nuestros pensamientos, como el ave de rapiña pronta para atrapar su presa. Existe la idea generalizada de que poco o nada puede hacerse para intentar modificar este estado de cosas. Las nociones de “épocas terminadas”, “fin de un ciclo”, “la jubilación”, “el retiro”, etc. no hacen más que abonar aquella sensación de lo inevitable. Nada más alejado de la realidad! La vejez, la ancianidad, la tercera edad o como queramos llamarla; pueden ser vividas activamente con quehaceres y objetivos concretos y con fundamentos existenciales tanto o más sólidos que en épocas anteriores. Los avances de la ciencia médica en las últimas décadas han aportado conocimientos prácticos y teóricos capaces de modificar aquella óptica pesimista relacionada con la vejez. Mantener un cuerpo sano, mediante hábitos de vida adecuados, es parte de esta transformación: alimentación balanceada, actividad física, evitar el cigarrillo, etc. Todas estas conductas han llevado a aumentar la expectativa y calidad de vida en la población y han contribuido a disponer de un mejor cuerpo, lo que por ende lo habilita a poseer un cerebro mejor irrigado. Pero, ¿qué hay de nuestra mente?, ¿qué de las más apreciadas funciones inherentes al órgano más acabado de la evolución?: memoria, atención, concentración, juicio, pensamiento, fantasía, etc. ¿existen formas, métodos o procedimientos capaces de afrontar con posibilidades de éxito el declive de nuestras funciones más jerarquizadas? ¿Se conocen fundamentos con base científica y no simple expresión de deseos, que otorguen solidez a la idea de poder preservar aquellas actividades mentales ante el paso inevitable del tiempo? La respuesta que la ciencia médica ha ido gestando en los últimos tiempos parece tener un signo positivo. En efecto aquellas personas que han tenido y mantienen, aún en edades avanzadas, un alto grado de actividad mental estarían más protegidas contra el compromiso cognitivo inherente a la edad y, al parecer, contarían con “reservas cognitivas” capaces de desafiar el avance del deterioro. No existen reglas en relación a qué tipo de actividad mental debería realizar un individuo a los fines de conferirle la mencionada “reserva”. Las recomendaciones son de orden general y la profusión de “Talleres de Memoria”, en los que se practican estrategias destinadas a su ejercitación, están hoy en pleno auge. En esta introducción queremos resaltar una herramienta en particular que parece reunir los elementos necesarios capaces de potenciar todas nuestras facultades mentales: el ajedrez. El ajedrez es un juego milenario que siempre ha llamado la atención de una manera particular a aquellos que no lo practican. A través de los tiempos ha sido considerado como un pasatiempo reservado para un grupo “especial” de personas, capaces de perder horas, días y meses de su tiempo “pensando” en variantes, posiciones, resolución de problemas, tácticas, etc. sin otra finalidad que las vicisitudes y el código del juego mismo o el interés de derrotar a algún adversario ocasional. Esta idea no deja de ser otro mito. El ajedrez es un juego que instruye a la vez que entretiene. Pero es un juego de características especiales, ha sido llamado “el juego ciencia” y, desde tiempo inmemorial mencionado como “el rey de los juegos y el juego de los reyes”, reconocimiento éste que resalta una virtud peculiar: el ajedrez no discrimina. No hay distinción de edades, sexo, color, nacionalidad, etc. El ajedrez genera puentes tendientes a una hermandad muy particular entre las personas de un mismo país y entre diferentes regiones del planeta. El ajedrez educa al mismo tiempo que entretiene, tanto cuanto se lo practique en solitario como con un adversario ocasional o en tertulias grupales. Pero, por sobre todas las cosas, el ajedrez es un juego puramente intelectual y su práctica, sistemática y metódica, conlleva el uso de todas nuestras facultades mentales. Como método de ejercitación en el plano de las funciones cerebrales superiores el Ajedrez, probablemente, no tenga parangón con ninguna otra actividad que pueda utilizarse para este fin. A través de su práctica se movilizan una multiplicidad de funciones y destrezas mentales, se estimular el estudio (libros, revistas, internet) de líneas y caminos para mejorar la concepción de tácticas y estrategias; se ejercita el abordaje sistemático de diferentes problemas y se adquiere habilidad, ante la presencia de eventualidades diversas, para una correcta toma de decisiones. En suma, el ajedrez parece constituir una herramienta de primera línea, sencilla de practicar y poco costosa, en la intención de luchar contra el deterioro de las funciones cognitivas inherente al transcurso de la tercera edad. Actualizado ( Lunes, 08 de Agosto de 2011 12:45 ) Resumen 3ra. jornada Ajedrez y CerebroUna vez más el Club Argentino de Ajedrez resultó ser el centro de atención de un público selecto y numeroso que colmó sus salones para asistir a una nueva Jornada de “Ajedrez y Cerebro”. La misma se llevó a cabo en la última semana del mes de septiembre del 2010 y contó en esta oportunidad con profesionales en el área de la medicina y del ajedrez que abordaron diferentes temas. Al igual que en oportunidades anteriores la reunión se vio coronada por el éxito, como lo atestiguaron el lleno completo de la instalación y la atención que se mantuvo en todo momento y hasta el final del encuentro. Actualizado ( Viernes, 22 de Abril de 2011 00:21 ) ¿Quién dijo que todo está perdido?
Raimundo García y los sueños de la Tercera edad En su paso por la senectud, Don Raimundo García siente que existen razones de sobra para que la vida le ría y cante; a los 74 años todavía piensa como un maestro y junto a 250 ajedrecistas –el 90 por ciento europeos-, participa en el 20° Campeonato Mundial Seniors (mayores de 60 años) que se realiza en la ciudad de Arco, un punto geográfico al noreste de la península itálica. Cumplidas siete ruedas y a cuatro del final, el maestro internacional argentino Raimundo García totaliza 5 puntos y se ubica a sólo uno del líder, el francés Anatoly Vaisser. Por eso se atreve a soñar. "Llegue preclasificado 24°", le dijo a canchallena desde el Hotel Giardino, en el pueblo de Nago, a 3,5Km de Arco, donde se aloja junto a su hijo Alejandro, y agregó: "teniendo en cuenta la calidad de mis rivales, que me superan en experiencia (hay 16 grandes maestros) que son hasta 10 años menores que yo, me pareció que finalizar entre los 15 mejores sería una buena actuación, sin embargo las cosas me están saliendo bien y si el fixture me acompaña tal vez logre meterme entre los diez mejores y eso sí que sería muy bueno", señaló el ex campeón argentino que obtuvo ese logro hace 47 años. Actualizado ( Lunes, 22 de Noviembre de 2010 15:24 ) |



